19/5/10

El amor materno vence a los efectos de la pobreza sobre la salud

Las madres amorosas parecen mejorar la respuesta inmunitaria de los niños durante toda la vida, según un estudio

Por Jenifer Goodwin
Reportera de Healthday

MARTES, 18 de mayo (HealthDay News/DrTango) -- El amor de una madre puede aliviar una herida o dar consuelo. Ahora, una investigación muestra que una madre cálida y amorosa puede también proteger contra los efectos nocivos para la salud de la crianza en la pobreza, una protección que puede perdurar en la adultez.

Estudios han demostrado que ser pobre se relaciona con un mayor riesgo de enfermedad cardiaca y otras afecciones mentales y físicas en el transcurso de la vida. Se cree que el estrés y la privación que un estatus socioeconómico bajo conlleva causan que el sistema inmunitario funcione de forma exagerada, activando genes y liberando proteínas que pueden causar inflamación por todo el organismo.

Se ha implicado la inflamación con varias enfermedades, entre ellas el asma, la depresión y la enfermedad cardiovascular, según la información de respaldo del estudio.

Sin embargo, el nuevo estudio muestra que tener una madre amorosa puede detener algunos de esos procesos que provocan inflamación.

En el estudio, los investigadores analizaron aspectos claves de los sistemas inmunitarios de 53 personas que tenían entre 25 y 40 años de edad, que fueron criados en familias pobre durante los primeros cinco años de vida. A los participantes también se les preguntó sobre las relaciones con sus madres, según una medida estándar llamada Inventario de vinculación parental. Dicha información también fue corroborada por las madres.

Entonces, los investigadores aislaron células mononucleares de sangre periféricas, un componente del sistema inmunitario.

Los 26 adultos que describieron a sus madres como cálidas y amorosas tenían una menor expresión genética en genes que promueven la inflamación, en comparación con los que tenían madres distantes.

Además, los que tenían madres cálidas secretaban menos interleucina 6, una proteína que también se relaciona con la inflamación.

"Es bastante sorprendente que treinta años después se puedan ver estos tipos de señales en su expresión genética y respuesta inmunitaria, que se puedan relacionar con el estatus socioeconómico y la vida materna durante los primeros cinco años de vida", aseguró el coautor Michael Kobor, profesor de genética médica de la Universidad de Columbia Británica, en Vancouver. "Las madres pueden tener una profunda influencia que puede ser observada a nivel molecular".

El estudio aparece en la edición del 18 de junio de la revista Molecular Psychiatry.

El Dr. Julio Licinio, editor de la revista y director de la Facultad de investigación médica John Curtin de la Universidad Nacional de Australia, apuntó que cree que éste es el primer estudio en mostrar, a nivel molecular, la influencia de lo que muchos han considerado cierto, que las buenas madres pueden significar una diferencia en la vida de los niños.

"Es la primera vez, que yo sepa, que investigadores han demostrado que una buena crianza tenga un efecto biológico", señaló Licinio. "Lo que mostraron aquí es que el nivel de activación es menor entre las personas que recibieron más cariño de sus madres".

Sheila Smith, directora de niñez temprana del Centro Nacional de Niños y Pobreza de la Universidad de Columbia, aseguró que el estudio refuerza lo que la investigación sobre desarrollo infantil ha mostrado, que la calidez materna puede acarrear beneficios de por vida.

"La calidez materna es un pronosticador muy importante de buenos resultados para los niños, tanto a corto como a largo plazo", enfatizó Smith. "Cuando leo que además tal vez ayude a reducir las tasas de afecciones como la enfermedad cardiovascular, me hace pensar que debemos comenzar a hacer aún más para ayudar a los padres a proveer ese tipo de respaldo a los niños pequeños".

Sin embargo, la pobreza puede hacer que para las familias sea difícil proveer las necesidades más básicas, como comida y vivienda, advirtió West. "Algunos padres que atraviesan dificultades económicas y estrés tienen dificultades para proveer el tipo de cariño que resulta necesario", lamentó West. "Nos dice que debemos hacer ciertas cosas para asegurar que los padres puedan responder con calidez".

Entre estas medidas se encuentran la evaluación de la depresión, más ayuda para las familias que luchan por satisfacer las necesidades básicas, y programas que ofrezcan respaldo social de parte de otros padres, añadió.

Aunque el estudio no examinó el papel de los papás, otros estudios han mostrado que no toda la responsabilidad es de las madres. Los papás, los padrastros y otros familiares, e incluso los amigos, pueden ayudar a ofrecer a los niños el cariño y atención que necesitan, aseguró West.

healthfinder.gov

6/5/10

Los efectos de la televisión y la exposición a las drogas al principio de la vida podrían resultar duraderos

Estudios muestran que el ambiente fetal y de la niñez temprana ayuda a conformar resultados posteriores

Por Amanda Gardner
Reportero de Healthday

LUNES, 3 de mayo (HealthDay News/DrTango) -- Un conjunto de estudios recientes muestra lo crítico que los factores prenatales, maternos y ambientales pueden ser en la conformación de la salud posterior de los niños, tanto emocional como física.

Entre otras cosas, los estudios encontraron que los niños que veían demasiada televisión, o cuyas madres que fumaban o tomaban antidepresivos durante el embarazo tenían mayores riesgos de problemas conductuales y de otro tipo más adelante en la vida.

"La niñez temprana es crítica para el desarrollo de una multitud de habilidades", anotó Richard E. A. Loren, director clínico del Centro para el TDAH y profesor asistente de pediatría clínica del Colegio de Medicina de la Universidad de Cincinnati. "No está escrito en piedra, pero ciertamente a los niños que les va mejor en los primeros años les sigue yendo mejor, y los niños que se atrasan tienen que trabajar más duro para ponerse al día, y algunos no lo logran".

"Estamos averiguando cuántas variables críticas [tienen un] impacto en este periodo de desarrollo prenatal y conducta postnatal", añadió la Dra. Kathryn J. Kotrla, decana asociada y presidenta de psiquiatría y ciencias conductuales del Colegio de Medicina del Centro de Ciencias de la Salud Texas A&M en el campus de Round Rock.

Los informes aparecen en la edición de mayo de la revista Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine.

En un estudio, investigadores de la Universidad de Montreal evaluaron cuánta televisión veían niños de dos años y medio de edad, y luego correlacionaron esto con la conducta y la salud en cuarto grado.

Cada hora adicional de ver televisión se relacionó con declives en la participación en el aula, el logro en matemáticas (aunque no en la lectura) y la actividad física, además de aumentos en el consumo de refrescos y refrigerios, el índice de masa corporal, y la tendencia a ser víctima de acoso por parte de los compañeros de clases.

Algo preocupante, señaló Loren, es que muchos de los niños en realidad veían televisión menos tiempo del recomendado por la Academia Estadounidense de Pediatría (que consiste en no ver televisión antes de los dos años, y luego no más de dos horas de "programación de calidad" al día).

"Pero aún así encontramos impactos significativos sobre el funcionamiento posterior, lo que me hace pensar que tal vez las recomendaciones deben aumentarse a no ver televisión hasta los tres o cuatro años", apuntó.

El segundo estudio encontró que el uso de antidepresivos llamados ISRS [inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, como Paxil, Prozac o Zoloft] de la madre embarazada, además del estado de ánimo de la madre cuando el niño tenía tres años de edad, se correlacionaba con conducta de ansiedad y depresión en esos niños pequeños.

"Esto no significa que todos los niños expuestos a los ISRS mientras estaban en el útero están en mayor riesgo, sólo que algunos niños expuestos lo están, y en este momento no sabemos el motivo", apuntó el autor líder del estudio, el Dr. Tim Oberlander, profesor de pediatría del desarrollo de la Universidad de Columbia Británica en Vancouver. "Nada de esto significa que las mujeres embarazadas no deben ser tratadas por depresión. Todas las madres necesitan tratamiento, simplemente tenemos mucho que aprender sobre quién se puede beneficiar del tratamiento farmacológico con un ISRS".

"Dado que sabemos que una exposición temprana a experiencias vitales estresantes puede conllevar un riesgo de por vida de mala salud mental, nuestros hallazgos también nos recuerdan que uno de nuestros principales desafíos de salud pública sigue siendo encontrar maneras de reducir el estrés a principios de la vida", añadió. "Justo como cuando vacunamos contra las enfermedades infecciosas, ¿por qué no podemos 'inocular' contra los efectos adversos del estrés en la niñez temprana?".

Otro estudio encontró que la exposición prenatal a la nicotina, aunque no a la cocaína, los opiáceos, la marihuana o el alcohol, se asoció con problemas de sueño durante los primeros doce años de la vida del niño.

"En conjunto, los dos estudios [el de los ISRS y el de la nicotina] sugieren un enfoque continuo en la complejidad de la vinculación e interacciones entre madres e hijos", aseguró Kotrla. "Identificar factores de riesgo concretos, como la nicotina y las variaciones [genéticas], entre otros, ayuda a conformar y definir las intervenciones dirigidas a los trastornos emocionales de la infancia".

Finalmente, un estudio llevado a cabo por investigadores del Hospital de la Universidad Hebrea de Hadassah en Jerusalén, encontró que entre los gemelos, el gemelo que pesaba más al nacer tenía más probabilidades de sufrir de problemas de conducta a los tres o cuatro años de edad.

healthfinder.gov

4/5/10

Los padres de niños autistas recurren a tratamientos alternativos

Expertos señalan que aunque pocas investigaciones respaldan a la mayoría de opciones, las familias se ven motivadas por la necesidad de ayudar

Por Jenifer Goodwin
Reportero de Healthday

DOMINGO, 2 de mayo (HealthDay News/DrTango) -- Cerca de uno de cada cinco niños autistas usa tratamientos alternativos para ayudar con el trastorno del desarrollo neural, con mayor frecuencia una dieta especial, según encuentra un estudio reciente.

De 1,212 niños con un trastorno del espectro autista incluidos en el estudio, alrededor del 17 por ciento tenía una dieta especial. Más de la mitad llevaba una dieta sin gluten y sin caseína, lo que elimina los productos de trigo y lácteos. Otros cambios dietéticos comunes incluían la evitación de azúcares procesados y tomar probióticos, que son microorganismos que se encuentran en alimentos como el yogur, y complementos que pueden ayudar a mantener la flora intestinal.

"La gente recurre a los tratamientos complementarios y alternativos cuando considera que los tratamientos médicos convencionales no están funcionando o son demasiado costosos, o que los tratamientos complementarios y alternativos son más naturales", apuntó el Dr. Daniel Coury, director médico de la Red de Tratamiento del Autismo y profesor de pediatría y psiquiatría de la Universidad Estatal de Ohio. "Entre los niños que padecen un trastorno del espectro, vemos todo tipo de motivos".

El estudio debía ser presentado el domingo en la reunión anual de las Pediatric Academic Societies en Vancouver, Columbia Británica, Canadá.

Se informa que otros tratamientos alternativos que los padres prueban para sus hijos van desde el oxígeno hiperbárico, que conlleva cámaras presurizadas con aire rico en oxígeno que por lo general se usan para tratar a los buzos que sufren de aeroembolia, hasta la terapia de quelación, un tratamiento que elimina los metales pesados del organismo. Coury apuntó que ese tratamiento surgió de temores de que el mercurio cause autismo.

A pesar de la significativa publicidad sobre los métodos, menos de un uno por ciento de los padres los han probado, encontró el estudio. Y eso es algo bueno, dijo Coury, porque no hay pruebas de que funcionen, y cierta evidencia de que podrían ser peligrosos.

Los padres tal vez recurran a dietas especiales debido a informes de que los niños autistas son más propensos a problemas gastrointestinales (GI). Aunque estudios anteriores han obtenido resultados mixtos acerca de la prevalencia de problemas GI, un segundo estudio, que también se presentará en la reunión, encontró que los padres reportaban síntomas GI en casi la mitad de los niños.

Para ese estudio, las familias de 1,185 niños inscritos en la Red de Tratamiento del Autismo rellenaron cuestionarios sobre los síntomas GI, la conducta, el sueño y la calidad de vida.

Alrededor del 45 por ciento reportó que sus hijos tenían síntomas de GI, como el dolor abdominal, el estreñimiento y la diarrea. Los problemas eran más comunes a medida que los niños crecían, y afectaban a alrededor del nueve por ciento de los niños menores de cinco años, y el 51 por ciento de los niños a partir de los siete.

Sus síntomas eran suficientemente graves para afectar la calidad de vida, y alrededor del 70 por ciento de los niños con síntomas de GI tenían problemas de sueño, frente a treinta por ciento de los que no tenían problemas de GI, encontró el estudio.

Los niños con problemas GI también tienen más problemas conductuales, posiblemente debido a su falta de sueño, sugiere un tercer estudio de la reunión, que incluyó a 1,056 niños de la Red de Tratamiento del Autismo. Encontró una asociación entre los problemas de sueño y los problemas conductuales, que incluyen problemas emocionales y ansiedad.

El autismo es un trastorno complejo, y los padres se ven impulsados por el deseo de ayudar a sus hijos, apuntó el Dr. Paul Law, director de la Red Interactiva del Autismo del Instituto Kennedy Krieger en Baltimore. Dijo que ha visto a los padres probar cientos de tratamientos alternativos: complementos y vitaminas, acupuntura, acupresión, baños en agua destilada y varios tipos de terapia animal, entre ellos. Law apuntó que una madre había intentado con 68 métodos distintos.

Aunque no es difícil encontrar testimonios sobre la eficacia de un tratamiento u otro, la evidencia médica de que funcionan es escasa, y el efecto placebo puede ser muy potente, señaló Law.

"Hay un adagio en la medicina: mientras más se ignora cómo tratar algo, más tratamientos habrán", comentó Law, y anotó que los medicamentos pueden tratar algunos síntomas del autismo, pero ninguno trata el autismo en sí

Coury se mostró de acuerdo. "No hay buena investigación para respaldar la eficacia de la mayoría de estos tratamiento", apuntó.

Entre los tratamientos que se ha demostrado que funcionan se incluyen intervenciones conductuales y medicamentos que pueden ayudar a controlar la agresividad y otros problemas conductuales, dijo Law.

Alrededor del 27 por ciento de los niños que sufren de un trastorno del espectro autista toman al menos un medicamento para manejar su conducta, según un cuarto estudio en la reunión. El estudio encontró que los motivos más comunes para el uso de medicamentos eran la hiperactividad, las conductas repetitivas, la irritabilidad y problemas con la atención.

Entre los niños que tomaban medicamentos, casi la mitad tomaban dos o más.

El uso de medicamentos se hacía más común a medida que los niños envejecían, encontró el estudio. Alrededor del 60 por ciento de los niños a partir de los once años tomaban fármacos, frente al 44 por ciento de los niños entre los seis y los diez, once por ciento de los niños entre los tres y los cinco, y cuatro por ciento de los niños menores de tres años.

Los medicamentos más comunes eran estimulantes para tratar el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y la risperidona (Risperdal), aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los EE. UU. para tratar la irritabilidad, la agresión, las rabietas y las conductas de autolesión.

Alrededor de uno de cada 110 niños de EE. UU. tiene autismo, que se caracteriza por dificultades con las habilidades sociales, de lenguaje y de comunicación, y conductas o intereses restringidos o repetitivos.

La Red de Tratamiento del Autismo, dirigida por Autism Speaks, una organización de investigación y defensoría con sede en Nueva York, incluye catorce centros de tratamiento e investigación en los Estados Unidos y Canadá para niños que sufren de autismo y tienen entre dos y 18 años de edad.

healthfinder.gov